El acero con su dura belleza es la materia prima de toda una línea de joyas que conjugan el carácter y la discreción, la fuerza de las líneas y los tonos apagados, la elegancia y los rústico.

El secreto de una joya de acero atractiva es la capacidad de este metal (a veces oscuro, a veces refulgente) de combinarse con otros metales como el oro, la plata, el cobre e incluso el aluminio, o la manera en que resalta a las piedras preciosas con su base gris y apagada, y el modo en que mimetiza con fibras naturales, madera, hueso, marfil, roca… Las posibilidades son infinitas.

El acero no sólo permite el juego de materiales, texturas y colores, además su aspecto sobrio es ideal para los juegos de diseño más atrevidos: anillos de toscos contorno, colgantes de espirales holgadas, collares de anillos concéntricos o motivos étnicos, gargantillas de prolongadas cascadas, gemelos largos y afilados, pulseras de aspecto industrial, motivos de mosaicos, porcelana, cristal o incrustaciones coloridas…

Las joyas de acero no requieren, además, de un cuidado particular, y su mantenimiento es muy económico, pues desde la confección de las joyas el acero es sometido a procesos que evitan cualquier tipo de oxidación o envejecimiento. Las joyas de acero son longevas, y su encanto resiste las pruebas del tiempo.

La casa por antonomasia en el diseño de joyas de acero es Brosway. Son de gran renombre sus anillos con centros de mosaico, las pulseras con incrustaciones de madera, los colgantes de cuero con motivos de acero, los pendientes asimétricos…